viernes, 4 de junio de 2010

Fuentes

En la vida pasas por muchas cosas; obstáculos y dificultades, la vida te da, la vida te saca. La muerte es solamente el descanso eterno de todo lo que una persona vivió cuando estaba en éste mundo, es un paraíso maravilloso donde te reencontras con cada persona o ser querido que perdiste o que nunca pudiste tener. Encontras la paz que siempre buscaste.
La muerte no nos roba los seres amados, al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. El duelo no es un camino fácil pero, sino lo fuera, dejaría de tener sentido toda nuestra existencia. Únicamente aquellos que evitan vivir en plenitud, pueden evitar el dolor del duelo. Lo importante es crecer a través de este y seguir permaneciendo vulnerables al día a día.
Amar al otro es renunciar a poseerlo, incluso muerto; renunciar a que vuelva, descubrir que sigue estando ahí, en un silencio que ya no nos causa emoción.
En ninguna otra situación, como en el duelo, el dolor producido es total; es psicológico, porque cambia tu punto de vista a la vida; familiar, nos duele el dolor ajeno y espiritual, porque duele en el alma. En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y sobretodo el futuro. Toda la vida, en su conjunto, duele. La muerte se lleva todo lo que no fue, pero nosotros nos quedamos con lo que tuvimos. Aún cuando todavía queden momentos difíciles, cuando llegás a aceptar el dolor encontrás fuerzas en vos mismo y podés mirar al futuro con esperanza.

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